El cirujano Luis Palma corre con el corazón en la caja térmica para volar a Lima. Son momentos dramáticos en los cuales cada minuto vale
El cirujano Luis Palma corre con el corazón en la caja térmica para volar a Lima. Son momentos dramáticos en los cuales cada minuto vale
El cirujano Luis Palma sabía que una vez que extrajera el corazón comenzaría el conteo regresivo. Solo disponía de cuatro horas y media para llegar a Lima y colocar el órgano a un niño de ocho años que desde hace un mes esperaba ese trasplante para sobrevivir.
El hecho ocurrió el 10 de abril en el departamento de Piura, a mil kilómetros de la capital peruana. Aunque Palma ya había participado con éxito en otros trasplantes de corazón, nunca había estado en una operación que implicaba un viaje a una distancia tan larga.
Era, además, una oportunidad única: en Perú se estima que existen dos donantes por cada millón de habitantes. Una de las estadísticas más bajas en América Latina.
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La donante era una niña de 10 años que había fallecido el día anterior de una muerte encefálica. Las compatibilidades de la niña con el paciente, como el grupo sanguino, el peso y la talla, eran ideales para que el órgano pueda volver a latir en ese otro cuerpo.
Lo único que esperaba Palma y su equipo era que le confirmaran la hora del vuelo. El viaje en avión entre Piura y Lima tiene una duración promedio de una hora y cuarenta minutos. Es uno de los vuelos nacionales más largos que existen.

El doctor Luis Palma y parte de su equipo, el médico Romel Zamudio y la enfermera Zulma Arones
El doctor Luis Palma y parte de su equipo, el médico Romel Zamudio y la enfermera Zulma Arones

El viaje desde Piura a Lima del corazón de una niña paralizó a Perú
El viaje desde Piura a Lima del corazón de una niña paralizó a Perú
Una vez que le confirmaron que a las 5:20 p.m. partía el avión a la capital, Palma clampó la arteria e introdujo el corazón en una caja térmica. Así empezó este inédito viaje que ha conmovido a miles de peruanos y que movilizó a decenas de funcionarios públicos.
La historia comenzó el 9 de abril en el hospital piurano Cayetano Heredia. A la niña de 10 años se le diagnosticó muerte cerebral. Los médicos les informaron a los padres del fallecimiento. Ello dio pie a que profesionales de Procura y Trasplantes de Órganos de Essalud se acercaran y les hablaran de la posibilidad de hacer una donación masiva.
Al comienzo los padres pusieron resistencia. Los médicos les explicaron que su decisión podía significar salvar la vida de niños que requerían urgente un trasplante. Horas después, los padres, conmovidos, aprobaron la operación. Pero querían saber quién era el paciente que recibiría el corazón de su niña. Sin embargo, les dijeron que la Ley General de Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos prohíbe, por razones de seguridad, que se revele los nombres del paciente como del donante.

"Lo único que le pudimos decir a los padres es que eran niños los que iban a recibir la ayuda, y que en algún momento, cuando estén más estables, ellos les iban a enviar una cartita anónima en agradecimiento por el acto de generosidad tan grande que han tenido en medio de tanto dolor", cuenta la doctora Patricia Chilet a Infobae, subgerente de Procura y Trasplante de Órganos de Essalud.
Con el visto bueno de los padres, se inició el protocolo. El cuerpo de la niña fue llevado a sala de operaciones. De inmediato, se le aplicó una serie de medicamentos para que el corazón siga latiendo pese a que la sangre ya no llegaba al cerebro. En paralelo, se verificaba la lista de espera de pacientes a nivel nacional para saber quién era compatible.
Además del corazón, a la niña se le extrajo el hígado y los dos riñones. Estos iban a ser trasplantados a dos niños que también lo necesitaban. Pero el corazón tenía prioridad, pues solo podía aguantar estando fuera de un cuerpo cuatro horas y media.
Se designó al equipo de Palma, quienes viajaron el martes 10 de abril en la mañana a Piura.Otro grupo se encargaría de los demás órganos. La caja térmica que llevaba el corazón de la niña viajó en cabina junto a los médicos en su propio asiento.

La distancia en auto entre el aeropuerto Jorge Chávez y el Hospital Edgardo Rebagliati,lugar donde estaba el paciente, dura más una hora con tráfico promedio. De modo que se coordinó con la Fuerza Aérea Peruana (FAP) para los ayudara en el viaje.
Un helicóptero Bell 212, adaptado en su interior con camillas, los esperaría cerca de la pista de aterrizaje. La FAP tenía experiencia en viajes de este tipo. Sus pilotos ya habían traslado con anterioridad órganos, pacientes muy enfermos e incluso mujeres habían dado a luz en el aire, pero pocas veces habían hecho estos vuelos de noche.
"Decidimos tomar el riesgo porque las donaciones de niños son muy escasas", dijo Palma.
Mientras él entraba a sala de operaciones para extraer el corazón de la niña, pilotos de la FAP realizaban vuelos de práctica. La meta era llegar al hospital en diez minutos. Era la primera vez que tres instituciones (FAP, Ministerio de Salud y Essalud) coordinaban para hacer un traslado de ese tipo y bajo esas circunstancias.
Mientras Palma y su equipo estaban en el aire, en Lima se hacían las coordinaciones para que una ambulancia los esperara y los llevara al helicóptero. Cada minuto valía.
El viaje fue un éxito. Los médicos llegaron pasadas las 7 de la noche al hospital. El resto del tiempo es lo que demoró la operación. El corazón respondió y empezó a latir de nuevo en el pecho del niño. Los médicos se abrazaron de alegría.