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sábado, 18 de noviembre de 2017

El MPD y la lucha armada, 1965-1970: de “lo mejor al campo” a los Comandos Revolucionarios Clandestinos (2)

Alejandro Paulino Ramos - 30 de octubre de 2017 - 5:00 am -  Deja un comentario
https://acento.com.do/2017/politica/8504536-mpd-la-lucha-armada-1965-1970-lo-mejor-al-campo-los-comandos-revolucionarios-clandestinos-2/

Foto: Maximiliano Gomez y Otto Morales en rueda de prensa con varios medios informativos


 Una vez finalizada la guerra de abril de 1965, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), tomó la decisión de continuar la lucha armada centrado en la limitada experiencia militar alcanzada en la revolución, así como en los rudimentarios conocimientos adquiridos por algunos de los  hombres de su organización que se entrenaron en guerra de guerrillas en Cuba y China comunista antes de esa fecha.
Empeñado en tomarle la delantera con el levantamiento armado a los demás grupos de izquierda, el MPD decidió  gestionar al vapor el envío  de otros  militantes a esos países con el objetivo de dotarlos de alguna preparación militar, pues se amparaba en la creencia de que ya se había constituido en el partido de la clase obrera, y que solo requería sumar a esa categoría partidaria un trabajo de concientización y organización del campesinado y de los trabajadores febriles para convertirse en vanguardia de la revolución dominicana.
Otto Morales explico a El Nacional la táctica política del MPD
A esto se adicionaba la confianza que representaban las armas que se pudieron preservar una vez terminada la contienda civil, lo que le llevó a la creencia de que resultaría fácil derrotar las fuerzas militares dominicanas y a la potencia que vendría en su auxilio, a la cual  identificaban como “el imperialismo norteamericano”. Ni esa organización, ni las restantes que formaban la llamada izquierda dominicana,  tomó en cuenta aspectos medulares relacionados con el panorama que se estaba viviendo desde antes de la instauración del gobierno de Joaquín Balaguer. 
Tampoco se percató de las debilidades visibles en sus propias fuerzas, del papel que iba a desempeñar la penetración que dentro de sus filas ya habían iniciado los cuerpos de seguridad del Estado y de que ya en el campo socialista se había producido un fenómeno que lesionaría gravemente a los grupos marxistas-leninistas, que fue, entre otras,  la declaración del XX Congreso del PCUS en 1956, desde el cual  se formuló la resolución que planteaba la “Coexistencia pacífica con el imperialismo”.
Autoridades contra planes guerrilleros
Desde antes del 1 de julio de 1966, fecha en que se juramentó el doctor Balaguer, la embajada norteamericana mostró preocupación por la obsolencia del aparato militar del gobierno dominicano, que en ciertas formas había quedado desarticulado o muy maltrecho durante la contienda. Esa apreciación realista motivó que apuraran lo relativo al fortalecimiento del equipamiento militar y de su parque de guerra, el adiestramiento de los soldados, a crear nuevas estructuras militares y dotar al Ejercito Nacional de los equipos necesarios para enfrentar cualquier materialización de las posibles amenazas de los grupos revolucionarios.
Tal y como lo apunta Brian J. Bosch, en su obra Balaguer y los militares dominicanos (traducida del inglés en el 2010),  quien fue agregado militar del ejército de los Estados Unidos en la Republica Dominicana en aquella época: “en julio de 1969 el Ejercito había completado su reorganización de acuerdo a directrices de Estados Unidos”, a lo que adiciona que desde principios de 1966 un grupo especial del ejército estadounidense se concentró en la creación de “la Primera Brigada como un medio inmediato para proveer de seguridad al área de la capital”:
“El año siguiente —1967, continúa Brian—ofíciales norteamericanos y dominicanos iniciaron el proyecto de dos años para modernizar la organización de la fuerza terrestre completa (…). El 7 de mayo la Embajada Americana envió a Washington una evaluación de la nueva Primera Brigada indicando que para el primero de junio la preparación de los tres batallones sería “aceptable” y que el 90% de su equipamiento estaría en la República Dominicana. Se añadió que siete de las nueve compañías de fusileros de la brigada habían completado su entrenamiento en operaciones de contraguerrilla”.
También ignoró la izquierda dominicana, que desde antes de terminar la guerra se encontraban infiltradas a diferentes niveles de sus estructuras, y que desde la misma juramentación del presidente Balaguer los servicios de inteligencia norteamericanos venían asesorando a las autoridades dominicanas en la formación de nuevos mecanismos de inteligencia paralelos a los existentes, como lo era un Servicio de Seguridad que luego fue suprimido en diciembre de 1969. De acuerdo a North American Congress in Latin América (NACLA), una institución con sede en New York, los Estados Unidos habían ubicado la República Dominicana entre los seis países del mundo  más importantes para el accionar de sus espías, situando  la República al nivel de importancia de Vietnam, lo que nos presenta una idea sobre la atención puesta en nuestro territorio.
La estrategia guerrillera de “lo mejor al campo”.
Como lo planteamos en el artículo anterior, el MPD comenzó a prepararse para la guerra desde antes de finalizada la revolución de Abril, cuando decidió “señalar a la militancia del partido de la clase obrera, la necesidad vital para el movimiento de liberación nacional, de trasladarse al campo para incorporar y organizar al campesinado”.
Con ese fin, y contando con decenas de hombres que habían participado en la guerra civil, decidió  formar un selecto núcleo de dirigentes que fue conocido como el “Grupo A”, integrado por Maximiliano Gómez (El Moreno), Tulio Rivas (“Marino”), quien fue posteriormente asesinado con el seudónimo de “Tito Monte” en San Juan de la Maguana; Pachiro, Otto Morales y otros, con el propósito de trasladar la lucha armada a la cordillera Central, la que sería el centro de la “guerra popular prolongada”. En ese primer experimento los dirigentes emepedeístas se concentraron en la ciudad de Santiago de los Caballeros. Sin embargo, todavía no había finalizado el año de 1965 y ya casi todos,  argumentando diversas razones, habían regresado a la capital. De hecho, ese proyecto natimuerto pasó al olvido.
Para 1966 la agrupación marxista, aunque no descartó continuar sus planes guerreristas, decidió participar en la coyuntura electoral apoyando los candidatos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4) basado en la consigna de: “Derrotemos al imperialismo y a sus títeres Balaguer y Bonnelly, votando por el 14 de Junio y el PRD”.
Como sabemos, las elecciones del 1 de junio fueron celebradas con el país todavía ocupado por las tropas norteamericanas y las llamadas Fuerza Interamericana de Paz (FIP), y ganadas, se dice que con fraude, por el doctor Balaguer. Semanas después el MPD retomó su lineamiento de llevar la guerra a la zona rural, ahora bajo la consigna de enviar sus mejores cuadros a los campos dominicanos.
Maximiliano Gomez y Otto Morales en rueda de prensa con varios medios informativos.
En uno de los documentos encontrados en un escondrijo de la maleta de manos de Henry Segarra cuando fue detenido en el aeropuerto de Santo Domingo en enero de 1967, enviado al Comité Central del Partido Comunista de Cuba y al Comité de la Paz de la República Popular China, se informaba de los conflictos internos del 1J4 y de los propósitos político-militares del MPD. En el informe se dice: “Por otra parte el MPD se ha planteado con seriedad el trabajo en el campo en base a la consigna revolucionaria “de Lo mejor al campo”, la cual ha sido comprendida y discutida por toda la base del Partido”.
Semanas antes del apresamiento de Henry Segarra, el MPD envió un grupo de sus militantes a que se entrenaran en Cuba, antes de lo cual viajarían a Paris, Francia, y desde allí pasaran a La Habana después de un periplo que incluía a Checoslovaquia, Irlanda, Canadá. En esa isla recibirían adiestramiento en guerra de guerrillas. Los contactos para lograr el acuerdo con los cubanos fueron hechos a través de un radio transmisor que desde Santo Domingo manejaba uno de sus militantes, aparato que fue descubierto debido a una indiscreción, ya que, de acuerdo a los testimonios de emepedeístas vinculados a la dirección de ese partido, la persona responsable le dejó saber de manera “inocente” a su hermano el papel que desempeñaba al interior de la organización,  y éste, que trabajaba muy de cerca con los servicios de inteligencia, lo comunicó de inmediato a las autoridades oficiales.
Al momento en que el grupo enviado comenzaba el adiestramiento guerrillero, producto del trabajo de contrainteligencia de  los cuerpos de seguridad del Estado, ya el gobierno dominicano tenía en su poder toda la documentación que las autoridades de Venezuela requisaron a Fernando de la Rosa en diciembre de 1966 y la documentación confiscada a Henry Segarra en enero de 1967, las que contenían indiscretas informaciones sobre los trabajos de preparación guerrillera que se efectuaban en el país, con la precisión de los lugares exactos de las montañas dominicanas en los que se entrenaban militantes políticos de determinados grupos de izquierda.
Como frutos de los trabajos de infiltración de un agente-espia dentro de las filas del MPD,  comprometedores fílmicas y documentos  fueron encontrados en la valija de viaje de Henry Segarra en el aeropuerto de Punta Caucedo, los cuales incluían los detalles y nombres de los cuadros políticos que lo habían precedido en al viaje a Cuba. Por esa razón,  cuando Henry Segarra, acompañado de otros dos militantes del MPD intentó abordar el avión que lo conduciría a Paris para desde allí dirigirse a Cuba a participar en las prácticas guerrilleras, los informes que manejaba el Estado conocían de su viaje, lo que facilitó que fuera atrapado in fraganti en la sala de chequeos del aeropuerto, en una acción policial que fue bautizada por las autoridades como Operación Relámpago, descrita por la policía de la siguiente manera:
“Debido a que lo que revelaban los documentos encontrados a Fernando de la Rosa, era evidente que para el Gobierno dominicano que Julio de Peña Valdez y Juan B. Mejía tendrían que iniciar correspondencia con los comunistas que ellos habían visitados (…). Además, era razonable suponer que esta información sería enviada al exterior solamente a manos de emisarios muy dignos de confianza. Por lo tanto, cuando se supo que Henry Segarra Santos, un miembro muy conocido del Movimiento Popular Dominicano (MPD) y dos más de sus compañeros partirían muy pronto al extranjero, se dieron instrucciones para poner en ejecución un plan para interceptar dicha correspondencia (…). El resultado de estos planes fue la “Operación Relámpago”.
El grupo de adiestrado que había llegado a Cuba en enero de 1967,  regresó al país entre julio y agosto, pero en esos días los planes guerrilleros del MPD habían comenzado  a confrontar  problemas. Sin embargo, sus dirigentes no desistieron de sus propósitos político-militares. Igual suerte corrieron los planes de lucha armada de los restantes grupos comunistas.
A mediados de junio de 1967 el Movimiento Revolucionario Catorce de Junio realizó un congreso, el cual fue celebrado en el desaparecido cine Alma de la antigua calle Braulio Álvarez en la ciudad capital. Ese encuentro selló de manera negativa  la suerte de ese partido, debido a que en el evento se enfrentaron las posiciones de los transformistas contra los no transformistas. Un importante grupo de dirigentes de ese partido, incluyendo su secretario general, decidieron renunciar y pasar a formar parte del MPD. Con la llegada de los catorcistas, en la primera semana de diciembre de ese mismo año, se fortaleció la tendencia guerrerista de ese partido, pues el 1J4 era partidario de desencadenar la guerra de guerrillas desde el “campo que rodea la ciudad” y muchos de sus cuadros, entre ellos Amaury Germán Aristy, quien posteriormente desempeñaría un papel importante en el proyecto guerrillero del coronel de Abril, Francisco A. Caamaño Deñó, se encontraba adiestrándose en la isla de Cuba.
La policía conocía los planes
Los aprestos insurreccionales del MPD y de la izquierda eran de pleno conocimiento de las autoridades. En aquellos días la policía se tomó la molestia de dar a conocer que ellos estaban atentos a esos propósitos y evaluaban la consigna de “lo mejor al campo”, para lo cual publicó un espacio pagado, el 2 de junio de 1967, donde incluía un fragmento de uno de los documentos capturados al Movimiento Popular Dominicano, concluyendo: “significa que el MPD enviaría al campo a sus agentes de mayor preparación a los efectos de establecer la subversión armada. El documento indica no obstante que hasta el mes de junio, el MPD no había aún iniciado la más mínima acción preparatoria y estaba lejos de poder establecer “un núcleo de subversión armada” y, en consecuencia, no significaba ninguna amenaza a la paz y tranquilidad de la familia dominicana”.
Este anuncio debió alertar a la dirigencia emepedeístas, pues en otro  comunicado policial publicado en el vespertino El Nacional del 25 de septiembre de 1967, se informaba que la institución del orden público se vería en la “obligación de mantener una estricta vigilancia” sobre las intenciones del MPD de preparar la guerra en la zona campesina: “Las autoridades desean recordar a los profesionales del MPD, lo obviamente inútil de sus esfuerzos para establecer “bases de apoyo” en beneficio de los designios extranjeros, llamados a traer la subversión armada a la Republica Dominicana”.
Rafael -Fafa- Taveras y otros dirigentes del 1J4 en los días de la división de ese partido de izquierda.
En otra publicación de la jefatura de la policía del 12 de julio de 1868, esa institución reveló haber hecho un allanamiento en la calle Marcos Adón número 19, donde encontró varios documentos comprometedores.  Dos semanas antes, el 26 de junio de del mismo año, la jefatura de la policía nacional publicó un documento redactado por miembros del Comité Esteban  Méndez de esa organización, localizado en  la calle Hilario Espertin número 20, en que se expresan algunas de las dificultades internas del partido de izquierda. En este documento se puede leer:
“La justa política de ¡lo mejor al campo! que nació al calor de la lucha contra el oportunismo encabezado por Pin Montas, ha sido desnaturalizada y se ha convertido, en la práctica, en ¡lo mejor a la cordillera Central! El Comité Central del MPD ha intentado desde la expulsión de Pin, llevar los mejores cuadros y la dirección del Partido a la cordillera Central, y la Conferencia Guido Gil aprobó en esencia continuar esta errónea política que se opone radicalmente a ¡lo mejor al campo! Naturalmente que nadie es tan loco como Debray (Regis)—ni siquiera los catorcistas—para escribir un documento sobre !lo mejor a la cordillera Central! sino que siguen levantando la consigna de lo mejor al campo aunque en la práctica hagan todo lo contrario”. (Véase El Caribe, 26 de junio de 1968)
En los documentos dados a conocer por la policía, de los que el MPD se apresuró a declarar que no eran de su propiedad y que eran inventos del cuerpo del orden con la finalidad de justificar la represión contra la entidad política, se criticaba que antes “de la Conferencia la región principal del trabajo en el campo y de preparación de la guerra era el Norte; dos o tres meses después nos encontramos con la gran sorpresa de que ahora es el Sur porque quizás sea fácil penetrar por allí a la cordillera Central y a que por el Norte no se ha podido”.
Otto  y El Moreno promoviendo lucha armada
De lo que fue la línea vigente en la organización de izquierda, y los cambios que se estaban operando en ella a partir de la Asamblea Guido Gil, sirvió para su promoción la rueda de prensa en la que participaron como voceros del MPD, el secretario general Maximiliano Gómez (El Moreno), y Otto Morales Efres, miembro del Comité Central. Entre los reporteros de varios medios de prensaestaba presente Luis Eduardo Lora (Huchi). Las informaciones recogidas en ese encuentro con la prensa se convirtieron en la noticia principal de El Nacional del 7 de julio de 1968: “MPD dice prepara la guerra popular”:
“El Movimiento Popular Dominicano anunció ayer tarde–reseña la información—la organización de una guerra en la que participarían miembros activos de las Fuerzas Armadas. Asimismo el MPD indicó que dará mayor importancia a “conducir” a los campesinos y obreros a esa “guerra popular”. Al hacer el anuncio en una rueda de prensa, el MPD admitió las actividades que le atribuye la Policía en el sentido de que están llevando su política al campo. Señaló que va a “persistir” en esas actividades. La rueda de prensa fue ofrecida por Maximiliano Gómez (El Moreno), y Otto Morales, miembro del Comité Central, a Radio NoticiasNoti-TiempoRadio Mil InformandoReportero Universal y El Nacional.
“Gómez y Morales manifestaron que el MPD organizará comandos “con militares democráticos de las Fuerzas Armadas”. Además, integraran comités clandestinos o comandos de obreros, por un lado, y de campesinos, por otro, según ellos. (….). Citaron varios factores que a su juicio los ayudan en sus propósitos, principalmente la situación económica que confrontan los dominicanos y los problemas de repartición de tierras que se han creado con muchos campesinos en el país. “La guerra no está aparte del descontento popular”, expresó Gómez. (…). Indicaron que canalizaran la guerra “principalmente por el campo”.
A juicio de El Moreno, “solo se necesita una mano fuerte que empuje al gobierno para que este caiga”, porque entiende que el gobierno tiene en contra a todos los sectores del pueblo. Aclararon que la labor del MPD en el campo no es proselitista, como informó la Policía, sino de llevar a los campesinos “al derrocamiento del gobierno actual y a la instalación de un gobierno revolucionario”.
“Las Tumbas Vivas”.
El grupo de militantes del MPD que viajó a Paris para ir a Cuba en diciembre  de 1966 regresó  entre julio y agosto del 1967, fortaleciendo con su presencia los aprestos guerrilleros. Fue en ese período que un grupo de militantes que encabezó el dirigente del máximo organismo del MPD Tito Monte, quien tomó el curso de guerrillero en China comunista,  promovió la experiencia vietnamita de preparar cuevas (que llamaron “tumbas vivas”) en las montañas y sitios estratégicos de la zona rural  para que los dirigentes, “enterrados” en esos lugares, solo salieran de noche a reunirse y a orientar a los campesinos con los que se pensaba hacer la guerra. Una loma de San José de Ocoa fue el primer lugar ubicado para poner en práctica el experimento.
Para desarrollar los planes relacionados con “las Tumbas vivas”, el  MPD contó con el apoyo de  Manfredo Casado Soler, quien era líder campesino en la zona. Entre los pocos dirigentes que se atrevieron a estar “enterrados” en esos lugares que la policía llamaba “hoyos”, se encontraron Moisés Blanco Genao y Tulio Rivas (Tito Montes). A esas cuevas fueron trasladas armas y otros pertrechos militares, bajo la responsabilidad de Otto Morales, quien las entregó a Casado Soler. Braulio Torres, alto dirigente del Partido Comunista Dominicano fallecido recientemente, dice en sus memorias Cautivo de mi verdad (2012), que ese partido se enteró “de los intentos de otras organizaciones de izquierda de participar, de forma especial el MPD. De hecho, Rafael (Fafa) Taveras estuvo de manera temporal en las montañas y Maximiliano Gómez (El Moreno) estuvo muy de cerca, pero no llego a subir con el grupo”. Sin embargo, igual como pasó con otros planes, “las tumbas”, no pasaron de ser un vano intento de asentarse entre los campesinos, pues se diluyeron a mediados de 1968 sin dejar rastros.
Todo lo anterior coincidió con la organización de la “Conferencia de Cuadros Profesionales Guido Gil”, con la que se efectuó un cambio significativo en la táctica política y en la estrategia militar, en el entendido de que estaban muy cerca a la toma del poder. El junio de 1968 la policía siguió dando detalles para demostrar que tenían conocimiento de todos los planes del MPD y de la izquierda: 
“El Comité Central sin análisis crítico previo eliminó totalmente la penetración al campo por medio de la política de pretextos y la sustituyo por el “hoyo” de donde formará “red de abastecimiento e información”. Desde la famosa “ida al campo” en la reunión del Comité Central de agosto del año pasado, no se ha podido meter ningún cuadro en ningún “hoyo”. Parece que las rocas de la cordillera Central son tan duras que no se pueden picar para hacer “hoyos”. En síntesis, el método del “hoyo” ha sido el mejor método para quedarse en la capital esperando que les avisen que el “hoyo” está listo. Es el método para negar en la práctica “lo mejor al campo”. (El documento fue dado a conocer por el jefe de la policía Braulio Álvarez Sánchez, jefe P.N., 25 de junio 1968).
Táctica política: la Guido Gil.
A mediados de 1968 el MPD se encontraba enfrascado en una tensa situación interna, debido a que un sector encabezado por Caonabo Jorge (Juanito) formó la Tendencia Voz Proletaria. Este dirigente mantenía una triple “militancia política”, pues ya se había integrado a las fuerzas de seguridad del Estado. Una de las situaciones criticadas por los disidentes eran los cambios que se estaban  operando en las líneas políticas de parte de la dirección del MPD, aprobadas  a partir de la celebración de la Asamblea Guido Gil. Como ejemplo de las críticas, un militante de nombre Ezequiel, que renunció en julio de ese partido, llegó a  plantear entre otras cosas que:
“En la nefasta Asamblea Guido Gil las fuerzas anti-proletarias le trazaron oficialmente al MPD una política y una organización revisionista-debraysta, sustituyendo el criterio comunista de la célula clandestina por el de “comando” y que para ese fin la organización disolvió las células clandestinas y las organizaciones de masa para que participaran en esos comandos”, acusándolos de incurrir en un oportunismo al plantear que la “consigna de insurrección armada, de la guerra popular, tiene su expresión actual en la organización y levantamiento de una guerrilla revolucionaria”. Pero que ellos rechazaban “las bases de apoyo y abandonan la consigna de la lucha por la tierra, como consignas fundamentales para el desarrollo de la guerra popular y en cambio pretenden sustituirlas por el método de las “tumbas vivas”, con los que la tendencia no estaba en desacuerdo. (Ver periódico Voz Proletaria del 19 de julio 1968).
Comunicado de la Policia Nacional dando a conocer que estaban en conocimiento de los planes del MPD.
Sin embargo, la línea trazada en la Asamblea Guido Gil fue un intento por recuperar la estrategia guerrillera de “lo mejor al campo”, aunque de manera contradictoria esta alejaba a la agrupación  de los referidos propósitos. En la Guido Gil se determinó crear los Comités o Comandos Clandestinos, en los que fueron integrados los militantes y simpatizantes del MPD, especialmente los que durante la guerra de abril habían sido integrantes de los comandos constitucionalistas.
Sobre la Guido Gil dice un documento publicado en marzo de1971 por el Comité del Distrito del MPD:
“Debemos señalar, que aunque los Comandos fueron producto de la síntesis de la asamblea de cuadros Guido Gil, la visión que primó fue en su generalidad izquierdista, puesto que para la Guido Gil, el Comando no era el motor de la lucha de clases de los diferentes sectores, sino que el Comando, era un organismo de abastecimiento y combate, que serviría de base de apoyo a la guerra de guerrilla, que planteó  la Guido Gil”. Pero esto pronto iba a cambiar, pues posterior a la salida de la tendencia Voz Proletaria, el MPD asumió una nueva táctica de enfrentamiento directo contra el gobierno de Balaguer.
La táctica Hilda Gautreaux
La Conferencia de Cuadros Profesionales Hilda Gautreaux, fue un evento partidario que se organizó en enero de 1969. Su nombre se debe al interés del MPD en exaltar la figura de una valiosa dirigente que había fallecido meses antes, el 15 de junio de 1968, la emepedeístas que antes fue militante del 1J4, abogada Hilda Gautreaux Rijo. 
En ese encuentro de los principales dirigentes y cuadros del MPD, se decidió producir un cambio en la táctica política de esa organización, pues se adoptó la posición política de enfrentamiento directo con el gobierno de Balaguer, a quien veían como la expresión concreta del imperialismo. Explicaba ese partido que para enfrentar el poder norteamericano se tenía primero que derrocar al mandatario dominicano.
Para impulsar la táctica que llevara al derrocamiento del gobierno, la organización abandonó los planes guerrilleros contenidos en su estrategia de “lo mejor al campo” y  concentró sus cuadros político-militares en comandos clandestinos que estaban supuestos a servir de apoyo a la guerrilla. No obstante,  el trabajo político entre los campesinos no fue abandonado.
La nueva línea política abordaba aspectos que, recuperando algunos elementos de la Guido Gil, la hacían totalmente diferente a ella, entre estos : Privilegiar la conspiración en los cuarteles militares para atraerse a los soldados descontentos con el régimen de Balaguer; trabajar para la unificación de todas las fuerzas políticas contrarias a Balaguer, bajo la consigna de crear un frente anti continuista y antibalaguerista; cambiar la estructura y accionar de los Comandos Clandestinos de modo que dejaran de ser estructuras de abastecimiento y apoyo para la guerra popular prolongada, diseñados para solo acoger a los miembros y simpatizantes del MPD.
A partir de la nueva táctica, los Comandos Clandestinos, que comenzaron a ser conocidos como Comandos Revolucionarios Clandestinos (CRC),  pasaron a ser estructuras político-militares para la guerra de guerrillas urbana y en las que se podían integrar a  todos los que, sin importar partidos, organizaciones gremiales, sindicales, campesinos, gente de los barrios desempleados y grupos estudiantiles estuvieran en contra del gobierno balaguerista y de acuerdo con su derrocamiento. Además, los CRC serían los responsables de organizar las luchas por reivindicaciones concretas levantadas por los diferentes sectores de la sociedad; proponer un gobierno de transición en el que estuvieran representados todos los sectores  que formaran parte en el frente anticontinuista, incluyendo perredeístas, wessinistas, cívicos, trujillistas, así como las  fuerzas políticas de derecha, liberales, oligárquicas, y comunistas.
Estos cambios en la política produjeron de inmediato un alejamiento de la línea “de lo mejor al campo”, y aunque se siguió trabajando en la concientización y organización de los campesinos, la preparación de la zona rural como zona para la guerra pasó a jugar un papel secundario.
“Golpe de Estado revolucionario”
Comunicado del Comando El Trueno de Machepa, de la ciudad de Moca aparecido en El Nacional del 7 abril de 1970.
Desde principios de 1969 y hasta 1972, el MPD hizo ingentes esfuerzos para convencer y unificar a las fuerzas antibalagueristas en el entendido de que se hacía perentorio el derrocamiento del presidente Balaguer a través de un golpe de Estado dado por fuerzas militares, principalmente de derecha. Ese posible golpe, que sus promotores caracterizaban como de carácter revolucionario, fue dado a conocer por El Moreno en la revista ¡Ahora! número 378, del 8 de febrero de 1971, anunciando que en este participarían todos los sectores antibalagueristas y que con él se perseguía  establecer en el país “un gobierno democrático de transición”.
En otra declaración de prensa hecha pública a través de su periódico Libertad del 18 de julio de 1971, bajo el título: “El Pueblo: fuerza decisiva en cualquier golpe de Estado anticontinuista”, la agrupación comunista explicó su tesis sustentada en las contradicciones de sectores políticos con el gobierno de Balaguer:
“Desde hace años venimos señalando que (…) la posición de los revolucionarios tiene que ser la de aprovechar esas contradicciones para que el pueblo se arme y logre sus principales reivindicaciones económicas y políticas (toma de tierra, aumento de salarios, aumento del presupuesto educacional, reducción del costo de la vida, etc.). Un golpe de Estado no es la salvación del pueblo, aunque este sea dirigido por militares nacionalistas y democráticos, pero sí es una importante coyuntura para armar y fortalecer las organizaciones populares, para sobre esa base emprender una lucha más firme, segura y verdaderamente de masas. La diferencia en este sentido entre los revolucionarios y los golpistas de derecha es que mientras ellos ven el golpe de Estado un fin, para nosotros es un medio para fortalecer las organizaciones populares—incluyendo aquellas que se oponen al golpe—y para debilitar la cadena de dominación imperialista en el país”.
A partir de esas premisas, se plantearon aprovechar las contradicciones entre los militares wessinistas y los militares balagueristas para, beneficiándose de ese enfrentamiento crear una coyuntura que permitiera al pueblo armarse y jugar un papel importante en el soñado golpe de Estado.
Desde la fecha en que fue aprobada la táctica Hilda Gautreaux, el MPD gastó gran parte de su tiempo, esfuerzos y recursos en la preparación de ese golpe, sin valorar con propiedad los mecanismos activados en las Fuerzas Armadas y la policía para impedirlo. El MPD estaba tan seguro del éxito de su táctica política,  que llegó a ponerle fechas y horas, además de que se rumoraba cada cierto tiempo que ya el derrocamiento de Balaguer se había producido. Sin embargo,  nunca se produjo el anunciado golpe de Estado.
En ese propósito se realizaron varias reuniones de sectores militares descontentos con el gobierno, especialmente entre militares que se habían comprometidos con los planes del MPD y sectores vinculados al PRD y al Partido Quisqueyano Demócrata (PQD), que lideraba el general Elías Wessin y Wessin. Con ese último sector casi se llegó a un entendimiento definitivo, pero a la hora de la verdad—dice el MPD—Wessin, desconfiando de la izquierda y de que ese movimiento se le podía ir de las manos, decidió ejecutarlo por su cuenta.
El intento de Wessin y Wesssin fracasó, acción que el MPD explica con la siguiente declaración: “El golpe de Wessin fracasó, porque éste, normado por sus ambiciones personales quiso hacerlo solo, y por su concepción anticomunista no fue capaz de lanzar sus hombres, contando con el respaldo de las fuerzas democráticas. En otras palabras, Wessin se sintió tan seguro del triunfo que no quiso darle participación a otros sectores militares y políticos antibalagueristas y prefirió en el momento crítico correr el riesgo de perderlo todo ante de darle participación al pueblo”. (Véase periódico Libertad, 18 de julio 1971).
A mediados de 1971, con el fracaso del “golpe de Estado revolucionario” la táctica del MPD se vino abajo, y para desgracia de ese partido se cometieron un conjunto de acciones y errores que llevaron a gran parte de su dirección a la cárcel, al exilio y a la muerte, mientras que por otro lado los CRC dejaban de ser las estructuras político-militares que se enfrentarían al gobierno y al imperialismo para, sin control del partido que los creó, convertirse en refugios de delincuentes, asaltantes y hasta criminales. Una parte de los integrantes de lo CRC, terminaron por salirse de esas células clandestinas para pasar a formar parte de la Banda Colorá, organización de bandoleros  formada por oficiales de la policía y personeros del gobierno de Balaguer.
(Este texto forma parte de la serie Crónicas de los doce años de Balaguer, de la autoría de Alejandro Paulino Ramos)

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