RENACER CULTIRAL

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miércoles, 3 de octubre de 2018

El Caribe reclama a Europa una compensación por la esclavitud

Durante la primera semana de septiembre se reunirá por primera vez la comisión de reparaciones de la Comunidad del Caribe para acordar la estrategia a seguir.


Tráfico de esclavos, en un grabado de Rollet a partir de un cuadro de George Morland.Ampliar foto
Tráfico de esclavos, en un grabado de Rollet a partir de un cuadro de George Morland. MUSEO DE LAS ARTES AFRICANAS Y OCEÁNICAS, PARÍS
Los cálculos más conservadores indican que al menos doce millones de africanos fueron secuestrados en la costa occidental de su continente y transportados en barcos negreros europeos hacia las colonias de América, entre los siglos XVI y XVIII. No todos sobrevivieron a la travesía y quienes llegaron con vida, labraron en condiciones de esclavitud las plantaciones de los imperios de España, Inglaterra, Holanda, Francia y Portugal en el Nuevo Mundo. Las naciones que conforman la Comunidad del Caribe (Caricom) atribuyen el origen de su actual pobreza material a la esclavitud y al genocidio perpetrado en aquellos tiempos. Por eso han decidido emprender un proceso jurídico contra Inglaterra, España, Francia, Holanda y Portugal, en reclamo de una compensación económica y de inversión en planes de desarrollo. 
“Estamos enmarcando la discusión de las reparaciones en la discusión acerca del desarrollo. No estamos hablando de una confrontación, sino de llevar nuestro caso a la Corte Internacional de Justicia para negociar”, ha explicado a EL PAÍS la historiadora Verene Sheperd, quien dirige la Comisión de Reparaciones de Jamaica. En su más reciente cumbre, celebrada en Puerto España el 4 de julio pasado, los líderes de la Comunidad del Caribe acordaron establecer comisiones de reparación en cada uno de los 15 países miembros del bloque donde no existiese alguna. El siguiente paso será la celebración de una reunión conjunta, pautada para la primera semana de septiembre en San Vicente y las Granadinas, donde algunos de los primeros ministros del grupo debatirán junto a abogados y especialistas en historia económica la estrategia a seguir.
No es un asunto de dinero, sostiene Sheperd, sino de acordar mecanismos de compensación que contribuyan al desarrollo de los Estados reclamantes. “Antes que nada, queremos que Europa se disculpe, pues hasta ahora han emitido declaraciones de arrepentimiento, pero ningún país se ha disculpado. Luego queremos infraestructuras para el desarrollo: escuelas, centros de salud, carreteras, hospitales. Y queremos que acabe el racismo”, ha dicho la historiadora.
La firma inglesa Leigh Day & Co. ejercerá la representación de la Comunidad del Caribe, según ha informado el primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, este martes, en entrevista con el diario Trinidad and Tobago Guardian. “Durante más de 30 años ha existido un movimiento que se originó en las bases de la sociedad civil, entre intelectuales y profesionales, que han reclamado reparaciones por el genocidio de sus nativos y por la esclavitud”, ha dicho Gonsalves, quien presidirá la reunión fijada en septiembre, en la que también participarán la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad Bissessar, y los presidentes Michel Martelly de Haití, Donald Ramotar de Guayana y Desi Bouterse de Surinam.
En junio de 2013, la firma Leigh Day & Co. se anotó una victoria en un caso similar, al lograr que Reino Unido admitiese haber torturado a más de 5.000 rebeldes de la guerrilla keniana Mau Mau entre los años 1952 y 1960. Como resultado, las víctimas y sus sobrevivientes obtuvieron una compensación que sumó 30,5 millones de dólares.
Entre 2004 y 2011, Jamaica, Guyana y Antigua y Barbuda también han intentado, sin éxito, obtener algún tipo de compensación de parte de los países europeos involucrados en el tráfico de esclavos en tiempos de la colonia. “Hoy el llamado a reparaciones está comenzando a formar parte de la conciencia nacional en San Vicente y las Granadinas, a través del debate público, en los programas de radio, en los diarios”, sostiene el primer ministro Ralph Gonsalves. 
Los países del Caribe involucrados en este nuevo reclamo contra Inglaterra, España, Francia, Holanda y Portugal por esclavitud y genocidio aún no han fijado el monto de la compensación a la que aspiran. Existen, sin embargo, algunos antecedentes. En 1999, la African World Reparations and Repatriation Truth Commission exigió a Occidente el pago de 777.000 millones de dólares a los países africanos que fueron esclavizados durante el periodo colonial. “Sabemos que nunca obtendremos esa cantidad de dinero, pero al menos debemos encontrar la manera de aliviar la pobreza del Caribe y hacer algo a favor del desarrollo de una infraestructura social. Si queremos alcanzar la paz mundial, este es uno de los caminos”, opina Verene Sheperd.
































































































































https://elpais.com/internacional/2013/08/03/actualidad/1375558119_801842.html?rel=mas

Mary Prince, la primera esclava negra que escribió su autobiografía

El libro de la natural de Bermudas y su lucha por defender el derecho a la libertad dio peso al movimiento abolicionista.

Mary Prince
Ilustración de la portada del libro 'La historia de Mary Prince'
La esclavitud vista desde la propia esclavitud. La falta de libertad contada con toda su crudeza por alguien que ya nació en el seno de una familia esclava. Así se resume la contribución que Mary Prince, seguramente sin conocer su trascendencia, realizó con la publicación de su autobiografía, un tratado contra la esclavitud que da a conocer con exactitud el brutal trato que experimentaban los esclavos de Bermudas en manos de sus dueños.
The history of Mary Prince, a west indian slave written by herselfes (La historia de Mary Prince, una esclava de las indias occidentales, escrita por ella misma) es el primer documento histórico que cuenta en primera persona la vida cotidiana de un esclavo procedente del archipiélago de las Bermudas —colonia británica—. Un archivo que convirtió a estas islas en el principal escenario de debate sobre la abolición de la esclavitud que tuvo lugar durante el siglo XIX en Gran Bretaña. Fue, además, el primer relato de la vida de una mujer negra que se publicó en Inglaterra.
El libro de Prince es considerado un tratado contra la esclavitud y un referente de la literatura negra africana de las colonias. Cuando salió a la luz, la esclavitud ya no era legal en Gran Bretaña, pero el Parlamento aún no la había abolido en las colonias, por lo que su testimonio causó un revuelo mayúsculo. Sobre todo por las repercusiones políticas y económicas que podían surgir si Gran Bretaña imponía el fin de la esclavitud en todo el imperio. Al final, la autobiografía contribuyó al debate de una manera diferente por su tono directo y su prosa simple, en contraposición con el estilo literario de la época.
La publicación de la historia de Mary Prince, cuya primera impresión tuvo lugar en febrero de 1831, junto a la petición expresa de ella al Parlamento británico para reclamar su derecho a la libertad, resultaron una estrategia exitosa que ayudó a lograr la emancipación de los esclavos que, en el Imperio Británico, ocurrió el 1 de agosto de 1834. Gracias a su testimonio, Prince es reconocida como una heroína nacional en Bermudas.

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Mary Prince nació el 1 de octubre de 1788, en Bermudas, concretamente en un lugar conocido hoy como Devonshire Parish. Sus padres y también sus cinco hermanos eran esclavos. Ella contó que tuvo cinco dueños diferentes en su vida, todos naturales de Bermudas, aunque no todos viviesen allí; de hecho, dos de sus dueños tenían residencias e intereses comerciales en las colonias británicas en Las Antillas, donde uno era propietario de una industria salinera y el otro era comerciante y rentista. Este último alquilaba esclavos a otros esclavistas y a personas que no los tenían.
Cuando Mary era un bebé, su madre y sus hermanos fueron vendidos. Los compró el capitán George Darrell, que regaló a Mary y a su madre a la familia de su nieta, Betsey Williams, que tenía casi la misma edad que Mary Prince. La madre de Mary trabajó como esclava doméstica en la casa de los Williams y Mary fue la compañera de juegos de la pequeña Betsey. Años más tarde relató en su libro autobiográfico que fue el periodo más feliz de su vida, pero explicó que esto fue porque “era demasiado joven" para entender correctamente su condición de esclava.
Mary Prince cumplió 12 años y su situación cambió, la familia Williams atravesó dificultades económicas y no podía mantener a tantos esclavos. De este modo se puso a trabajar en la casa de los Prudden, pero meses más tarde fue puesta a la venta junto a sus dos hermanas menores porque el señor Williams necesitaba dinero para volver a casarse.
Un dueño de esclavos diferente compró a cada niña. El capitán John Ingham compró a Mary por 57 libras de moneda bermudeña y pasó a convertirse en su tercer dueño. Mary Prince siempre recordó su crueldad, gente que los azotaba como “un castigo ordinario", incluso por una falta leve. Prince reconoció que a pesar de ser una niña, fue torturada en esta fase de su vida.
Cuando Mary no aguantó más y vio la posibilidad, escapó de la granja de los Ingham para refugiarse en la casa en la que su madre estaba como esclava haciendo las labores de criada. La madre de Mary sabía que podía ser castigada por albergar a un esclavo fugitivo, así que escondió a Mary Prince en un agujero en las rocas cerca de la casa y le llevaba comida por la noche. Pasados unos días, el propio padre de Mary, cuyo único nombre de pila era Prince, devolvió a Mary a la granja de Ingham.

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Poco tiempo después, el capitán Ingham puso a Mary Prince en un barco rumbo a Grand Turk Island como castigo. Los propietarios de esclavos consideraban que huir era un comportamiento rebelde. Grand Turk era una colonia satélite de las Bermudas en la que había muchas industrias salineras que utilizaban la mano de obra de los esclavos. La sal que se producía evaporada por el sol era un bien muy valioso que se utilizaba a finales del siglo XVIII y principios del XIX para conservar la carne y el pescado.
En Grand Turk Island Mary fue nuevamente subastada y Robert Darrell la compró por 100 libras de moneda de Bermudas, convirtiéndose en su cuarto dueño de esclavos. Al igual que el capitán Ingham, también fue muy cruel con ella. Mary trabajó como esclava en los grandes estanques de sal de la isla alrededor de diez años, muchas veces hasta diecisiete horas al día. Pasado ese horrible tiempo, el propio Robert Darrell la llevó con él a Bermudas, donde tenía una residencia.
De vuelta a las islas Bermudas Mary continuó sufriendo todo tipo de abusos y vejaciones, pero empezó a trabajar en un hogar en 1810, donde ganaba dinero para su amo lavando ropa. Entonces se enteró de que un joven rentista y tratante de esclavos iba a ir a Antigua. Toda la familia de Mary estaba allí, así que le pidió a Robert Darrell que le dejara ir "al servicio del señor Wood”.

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Los esclavos que dependían de los rentistas tenían siempre los peores trabajos, como cavar hoyos en los que se plantaba caña de azúcar, así que tal vez Mary Princetrabajó en eso cuando llegó a Antigua, aunque por poco tiempo, porque cuando la esposa del señor Wood se dio cuenta de que podía hacer el trabajo doméstico la compró por 100 libras de moneda de las Bermudas. De esta forma, Robert Darrell recuperó su ‘inversión’ inicial y se benefició de todo el trabajo que Mary había realizado para él y del dinero que había ganado lavando ropa.
Mary trabajó para Wood, su quinto y último dueño, durante 13 años en Antigua. Ella comenzó a sufrir reuma, enfermedad que la incapacitó para trabajar. Cuando los Wood viajaban, Mary ganaba su propio dinero lavando o vendiendo café y otras provisiones a los barcos.
Unos años después, Mary se unió a la congregación de Moravia, que brindaba educación a los esclavos. Tres misioneras de Moravia la enseñaron a leer y a escribir y, poco después, en la navidad de 1826, se casó con un hombre negro que había comprado su libertad, Daniel James. Los Wood se enfadaron cuando supieron que Mary se había casado con Daniel sin su permiso porque no querían tener a nadie más en casa y la siguieron maltratando físicamente.
Año y medio después de que Mary se casara con Daniel, los Wood se fueron a Londres y se llevaron a Mary con ellos. Era 1828 y la esclavitud no era apoyada por el sistema legal británico, aunque todavía se permitía en las colonias británicas, por lo que Mary se sentía una mujer libre cuando salía a la calle. Wood le dijo que o la obedecía o se iba de casa, pero Mary no tenía medios para mantenerse por sí misma. Sin embargo, muchas personas la ayudaron. Le dieron ropa, dinero y trabajo remunerado. Cerca de finales de noviembre de 1828, llegó a la oficina abolicionista, donde conoció a Thomas Pringle.
Mary Prince quería regresar a Antigua para reunirse con su esposo Daniel como una mujer libre, así que, con la ayuda de Pringle se intentó negociar con el señor Wood la libertad de Mary, pero no accedió. Se decidió llevar el caso de Mary al Parlamento, y se formuló una petición. Fue presentado el 24 de junio de 1829 y en ella expresó su deseo de regresar a las indias occidentales, pero no como esclava. La petición no fue aceptada y poco después la familia Wood regresó a Antigua sin Mary, que quedó desempleada.
Thomas Pringle y su esposa Margaret contrataron a Mary Prince como empleada doméstica pagada, y ella se mudó a su casa en diciembre de 1829. Entonces surgió la idea de publicar la historia de su vida, pero el proyecto no se inició hasta que Thomas Pringle, junto a otros amigos abolicionistas, negoció la libertad de Mary Prince respecto a la familia Wood.
Animado por Pringle, Prince aceptó que su vida fuera transcrita por Susanna Strickland, que más tarde emigró con su marido a Canadá y se convirtió en la escritora más conocida del siglo XIX con el seudónimo de Susanna Moodie. Pringle fue el editor y su libro fue publicado en 1831 como La historia de Mary Prince, una esclava de las indias occidentales escrita por ella misma.
La publicación del libro significó la denuncia a Pringle por dos casos de difamación y Mary Prince fue llamada para testificar en ambos: uno lo ganó Pringle y en el otro el juez dictaminó como exagerada la historia de Prince.
La vida de Prince tras la publicación de su libro no es muy conocida y en ningún lugar figura si regresó a Antigua junto a su esposo como era su deseo. Se sabe que permaneció en Inglaterra hasta al menos 1833, cuando testificó en los dos casos de difamación y se aprobó la Ley de Abolición de la Esclavitud, que entró en vigor en agosto de 1834. Esta ley estaba destinada a lograr una abolición en dos etapas de la esclavitud de las indias occidentales y se pospuso a 1840 para dar tiempo a las colonias de hacer la transición de sus economías. Debido a las protestas en las indias occidentales las colonias completaron la abolición dos años antes, en 1838.
En Bermudas, que no dependía de la institución de la esclavitud, la emancipación tuvo lugar inmediatamente después de que la ley entrara en vigor. Esto afectó a la situación de Mary Prince, que a partir de agosto de 1834 podría regresar a Antigua y ser libre.
El libro de Prince concluye así: “Esto es esclavitud. Le digo que deje que los ingleses sepan la verdad; y espero que nunca dejen de orar a Dios y llamen en voz alta al gran Rey de Inglaterra, hasta que todos los negros pobres sean liberados, y la esclavitud eliminada para siempre”.
La vida de Mary Prince, de que tampoco se conoce la fecha de su muerte, dice mucho sobre las dificultades que los esclavos tuvieron que soportar y sobre sus actos de valentía, sobreponiéndose a las circunstancias e inspirando la lucha por la libertad y la igualdad de hombres y mujeres casi 300 años después.
Mary Prince
Sin embargo, de manera curiosa el libro de Prince no llegó a las Bermudas hasta más de 150 años después de su publicación, cuando un investigador estadounidense presentó una copia del libro a los Archivos de las Bermudas.
El 26 de octubre de 2007, en el año del 200 aniversario de la abolición de la trata de esclavos, se inauguró una placa en la casa en la que vivió en Londres. La placa dice: “Mary Prince, 1788-1833, la primera mujer africana en publicar sus memorias de esclavitud vivió en una casa en este sitio en 1829”.
https://elpais.com/cultura/2018/10/01/actualidad/1538375550_039677.html

lunes, 1 de octubre de 2018

Posted: 01 Oct 2018 09:37 AM PDT

Zaragoza, L.: “Las flores y los tanques. Un regreso a la Primavera de Praga”. Editorial Cátedra. Colección Historia, Serie Mayor. Madrid, 2018.








































En 1968 sucedieron algunos hechos que tuvieron una gran trascendencia histórica. De todos ellos destacaría tres: el Mayo francés que, a pesar de que no vio cumplidas muchas de sus expectativas, cambió la vida de mucha gente, el fracaso americano en la Guerra de Vietnam (ofensiva del Tet, masacre de My Lai, grandes manifestaciones contra la intervención) y la Primavera de Praga, el intento de construir un “socialismo de rostro humano” (una difícil unión entre el socialismo y la democracia) en un país del bloque comunista, disidencia que no podía consentir la URSS. 


De este último acontecimiento se ocupa esta detallada y documentada obra de Luis Zaragoza. Para su exposición maneja abundante documentación de la época y una amplia bibliografía que le permite ofrecer, además de una minuciosa descripción de los acontecimientos, distintas interpretaciones y puntos de vista, analizar lo que fue y lo que no fue la Primavera de Praga. Apoyado por un sinfín de citas, testimonios de los actores y documentos, estamos ante el relato de una experiencia que, aunque breve en el tiempo, situó a Checoslovaquia en el centro del mundo.


La primera parte de la obra se ocupa de los antecedentes geográficos e históricos que ayudan a explicar la “Primavera”, su desarrollo y su desenlace. El autor hace un repaso a momentos importantes de Checoslovaquia antes de mitad de la década de los 60: su nacimiento tras la I Guerra Mundial como  un Estado un tanto artificial compuesto por cuatro grandes territorios (Bohemia, Moravia, Eslovaquia y Rutenia) y habitado por una gran diversidad de grupos étnicos (checos, eslovacos, alemanes, magiares, rutenos, polacos…), la desmembración de Checoslovaquia por la Alemania nazi (Conferencia de Munich), la caída en la órbita rusa tras la II Guerra Mundial, la configuración como una democracia popular  y el control total del Partido Comunista tras el golpe de Praga, la fidelidad checoslovaca al modelo soviético en momentos de convulsión en el bloque (como durante la revuelta húngara de 1956), el frenazo económico del III Plan Quinquenal que hubo de ser interrumpido, el descontento de jóvenes e intelectuales desde los primeros años de la década de los 60 que piden una revisión del modelo político y económico, el descontento de Eslovaquia ante el centralismo de Praga, la reacción del poder con medidas como la Ley de Prensa de 1966 o el giro conservador del bloque tras la llegada de Brézhnev al poder en la URSS.


En la segunda parte de la obra, el autor analiza los orígenes próximos de la “Primavera”, los cambios que se producen en la sociedad civil y en la vida política checoslovaca desde el verano de 1967 cuando comienzan a aflorar múltiples descontentos entre jóvenes e intelectuales que se traducen en demandas de cambios y cómo estas pasan posteriormente a ser asumidas por la sociedad civil. Lógicamente, ocupa un lugar destacado la actuación de A. Dubchev, imagen de la “Primavera de Praga”, aunque no fue solamente obra suya. Este “socialismo de rostro humano” se propone democratizar el Partido Comunista y el país, llegar a una política exterior más abierta, suprimir la censura, respetar las libertades individuales, ocuparse de los problemas de la gente, atender  las demandas eslovacas (como llegar a un Estado federal), aplicar con menos rigor la planificación, autogestión de algunas empresas, impulsar la iniciativa privada en algunos sectores… Reformas sin alterar las bases fundamentales del sistema, en definitiva, un nuevo e inédito modelo de socialismo.


En Moscú y sus aliados más fieles (RDA, Polonia,  Hungría y Bulgaria) temen que el ejemplo se extienda, discuten qué medidas tomar. Se baraja intervenir militarmente, pero Brézhnev prefiere hacer rectificar a Dubchev y que de marcha en su Plan de Acción que tacha de revisionista y favorecedor del retorno al capitalismo. Dubchev tiene que soportar reproches, acusaciones y fuertes presiones. Presiones económicas (sobre el abastecimiento de materias primas, energía y otros productos), diplomáticas, ideológicas y…militares. En diversas reuniones que se tratan detalladamente en el libro (Varsovia, Cierna, Bratislava), los Cinco (URSS, RDA, Polonia, Hungría y Bulgaria) discuten qué solución tomar ante la no rectificación de Dubchev. Desde el interior, diversos colectivos le animan a seguir con las reformas (muy significativo fue el denominado Manifiesto de las 2000 palabras que hace un llamamiento a la sociedad para que se implique activamente en las reformas. El Partido Comunista Checoslovaco está dividido entre los que quieren frenar las reformas y los que quieren profundizar en ellas. 


En la tercera parte, “Los tanques”, Luis Zaragoza va a explicar con detalle la intervención militar de las tropas del Pacto de Varsovia (mayoritariamente rusas), una fuerza desproporcionada, que comenzó el 20 de agosto. Brézhnev justificó la invasión con su doctrina de la “soberanía limitada” de los países de su bloque (por cierto, doctrina criticada por China, Yugoslavia y muchos Partidos Comunistas del mundo). Los ocupantes comienzan a detener dirigentes reformistas, entre ellos a Dubchev que es sacado del país. El autor va a prestar especial atención al comportamiento de la población que va organizando su resistencia (al principio con pequeños gestos), al papel de las radios que no pueden localizar los invasores en la difusión de comunicados y consignas, a la batalla por la propaganda, a la reacción del Partido Comunista Checoslovaco que, en su XIV Congreso celebrado en la clandestinidad, pide la liberación de los dirigentes presos y la salida de las tropas del país, a la dimensión internacional del conflicto, tanto en los países capitalistas como en los propios del bloque y en los partidos comunistas de varios países. Al fin, los reformistas checoslovacos se vieron obligados a capitular y a firmar el Protocolo de Moscú por el que la URSS va a acabar con todo rastro de la “Primavera de Praga”.


En la cuarta parte de la obra (“Los surcos) Luis Zaragoza analiza la normalización del País tras la aplicación del Protocolo de Moscú. Primero una normalización blanda (agosto de 1968 a abril de 1969). El control soviético se manifiesta en medidas que tratan de revertir las reformas. Dubchev trata de buscar en vano una vía intermedia entre la rendición total y la resistencia abierta, lo cierto es que debe hacer concesiones una tras otra hasta su dimisión en abril de 1969 y su sustitución por Husák, un hombre fiel a Moscú. Estas medidas trajeron una reactivación de la resistencia civil que tuvo su momento culminante cuando, el 16 de enero de 1969, el joven J. Palach se inmoló en la plaza de San Wenceslao de Praga. La repercusión mundial del acto fue enorme. Con Husák llegó la normalización dura (abril de 1969 a diciembre de 1970). No le va a temblar la mano para aplicar las medidas queridas a Moscú, va a devolver al socialismo su rostro más represivo. Para evitar nuevas veleidades se impuso un férreo control de los medios de comunicación, se llevaron a cabo grandes purgas en la dirección del Partido Comunista, en sus militantes (debían pasar una larga entrevista para renovar sus carnets), en el estamento militar, en los funcionarios,  en las organizaciones sociales y culturales… El miedo volvió a la sociedad. La represión se centró en Dubchev, símbolo de la “Primavera”. Fue expulsado del Presídium, destituido como Presidente de la Asamblea Federal, expulsado del Partido. Inició una etapa de ostracismo en la que tuvo dificultades incluso para encontrar un empleo.


Tuvieron que pasar varios años para que, en el contexto de la desintegración del bloque comunista europeo, se rehabilitara la Primavera de Praga y sus actores. En 1989, el Parlamento de Polonia condenó la agresión del 68 y pidió perdón, se sumaron a esta condena la RDA, Bulgaria y Hungría, poco más tarde lo hizo la URSS de forma más tibia. El 28 de diciembre de 1989, Dubchev fue nombrado Presidente de la Asamblea Federal.


Cierran la obra un amplio y útil glosario (“Quién es quién y qué es qué en la obra”) y una completa bibliografía.

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