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lunes, 28 de mayo de 2018

Sancho III el Deseado, rey de Castilla


Nacido en el año 1133, hijo primogénito del rey Alfonso VII de Castilla y León y de doña Berenguela, se casó, en el año 1151, con la princesa navarra doña Blanca, hija del rey navarro García V Ramírez, con quien tuvo al futuro rey castellano, Alfonso VIII.

Alfonso VII repartió su reino entre sus dos hijos varones, Sancho y Fernando. Ambos infantes recibieron, antes de la muerte de su padre, los honores reales como herederos. Finalmente, tras la muerte de Alfonso VII, en Fresneda, el 21 de agosto de ese mismo año, Sancho III heredó el reino de Castilla, por su condición de primogénito, mientras que Fernando II recibió en herencia el reino de León. El hecho de que el primogénito heredase la corona castellana da a entender el mayor peso político que adquirió Castilla en detrimento de León.

A diferencia de lo ocurrido cien años antes, cuando Fernando I dividió su reino entre sus hijos, provocando una guerra civil entre Alfonso VI y Sancho II, los herederos de Alfonso VII no trataron nunca de destruirse, entre ellos anidó el ánimo de colaboración mutua y de respeto, gracias a la mediación de su tía paterna, doña Sancha, la cual siempre impidió que sus sobrinos entrasen en confrontación, respetándose la integridad territorial de cada reino.

La primera preocupación de Sancho III fue reorganizar las defensas fronterizas en el sur de su reino. La orden del Temple había recibido de Alfonso VII la plaza de Calatrava, tras su conquista, en el año 1147, pero el costoso mantenimiento y el peligro constante en que se hallaba, les llevó a devolver la tenencia a Sancho III, en el año 1157, en enero del año 1158, Sancho III otorgó la tenencia y señorío de la plaza de Calatrava a Raimundo, abad del monasterio cisterciense de Fitero, y al monje Diego Velázquez, que la proveyeron adecuadamente para su defensa.

En noviembre del año 1157, Sancho III recibió en Soria el homenaje de Sancho IV el Sabio de Navarra, en los mismos términos que prestó el rey navarro, García V Ramírez, a su padre, Alfonso VII de Castilla y León. Poco después, Sancho III revalidó en Osma la alianza con el príncipe aragonés Ramón Berenguer IV, confirmándose el vasallaje de éste hacia el rey castellano. A pesar del acuerdo anterior, Sancho III reanudó las hostilidades contra Sancho IV de Navarra, siguiendo la misma línea política que mantuvo su padre con respecto a Navarra.

En la primavera del año 1158, Sancho III llevó su corte y ejército hacia la frontera leonesa, siguiendo la línea trazada por el Camino de Santiago, penetrando así en territorio leonés. Fernando II de León prefirió la negociación antes que el enfrentamiento con su hermano, por lo que ambos monarcas firmaron el tratado de Sahagún, el 23 de mayo del año 1158, por el que se sentaron las bases de la pacificación y coordinación política entre ambos reinos. Sancho III aceptó devolver a su hermano las tierras conquistadas en la frontera, a condición de que su tenencia fuera a parar a manos de los principales nobles leoneses procastellanos, Ponce de Cabrera, Ponce de Minerva y Osorio Martínez. 

Estos poderosos linajes leoneses se comprometieron a acudir en auxilio y servicio del rey castellano en caso de que Fernando II de León incumpliera el acuerdo pactado, o en su defecto, a devolver las tierras dadas a la corona castellana. En dicho tratado también se dispuso, entre otras disposiciones, la cuestión sucesoria de ambos reinos: si uno de los hermanos fallecía sin descendencia directa, el otro hermano heredaría de forma automática la corona del fallecido. En el tratado, Fernando II y Sancho III se comprometieron a prestarse ayuda mutua, salvo en lo referente a su tío materno, el príncipe de Aragón Ramón Berenguer IV, en cuya amistad confiaron ambos hermanos. Por último, se repartieron los territorios que en un futuro se conquistase al Islam, de modo que Fernando II de León y sus descendientes obtendrían los derechos de conquistas sobre Coria, Montánchez, Mérida, Badajoz, todo el actual Portugal, desde Lisboa hasta el Algarve, y todas la Baja Andalucía, incluyendo el Valle del Guadalquivir. El resto del territorio, hacia el este, quedó bajo ámbito castellano.

El ambicioso plan proyectado y planeado por Sancho III de Castilla y su hermano Fernando II de León no pudo llevarse a cabo debido a la repentina muerte de Sancho III de Castilla, en la ciudad de Toledo, el 31 de agosto del año 1158. Sancho III dejó como heredero a su hijo Alfonso VIII, de apenas dos años de edad, abriéndose así un período incierto de regencia en la corona de Castilla a cargo de Manrique de Lara, hasta que el infante cumplió los quince años de edad.

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