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martes, 18 de abril de 2017

Tengo un amante! ¡Un amante!”: cómo fue el juicio a Madame Bovary, “una de las pecadoras más célebres del mundo”

“¡Tengo un amante! ¡Un amante!”: cómo fue el juicio a Madame Bovary, “una de las pecadoras más célebres del mundo”

BBC Mundo - 18 de Abril de 2017 - 12:20 am -  Deja un comentario

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“La novela más escandalosa de todos los tiempos”. Así la definió la revista Playboy en 2010, cuando publicó un fragmento de una nueva traducción de la novela del francés Gustave Flaubert, “Madame Bovary”.
“Es una de las pecadoras más célebres de la literatura (…) La transformación de Emma, de esposa provinciana aburrida a adúltera entusiasta nos recuerda cuán escandaloso puede ser ser humano”, le decía la revista a sus lectores, a manera de contexto.
Es dudoso que Emma Bovary, quien decepcionada con el matrimonio busca la felicidad en los brazos de otros, pueda escandalizar a un lector de Playboy del siglo XXI.
Pero de que la historia de Flaubert incomodó a lectores poderosos en en siglo XIX no cabe duda. Tanto que llegó a los tribunales.

¡Silencio en la corte!

Hace 160 años, en enero de 1857, un hombre llamado Ernest Pinard se levantó de su silla en la atiborrada sala de un tribunal y declaró:
“El arte que no observa las reglas deja de ser arte; es como una mujer que se desnuda completamente. Imponer las reglas de decencia pública en el arte no es subyugarlo sino honrarlo”.
Pinard era el fiscal del Imperio de Francia y al frente suyo se encontraba el escritor Gustave Flaubert.
Su novela, “Madame Bovary”, había sido declarada “un afronte a la conducta decente y la moralidad religiosa”.

Tres responsables

“Madame Bovary” había sido serializada en la revista La Revue de Paris desde principios de octubre hasta mediados de diciembre de 1856, y muchos la habían calificado de obscena.
Por eso que ese día, además de Flaubert, “el autor, el ofensor principal“, había dos acusados más.
León Laurent Pichat, director de la publicación literaria, por difundir el texto, y Auguste-Alexis Pillet, por imprimirlo pues, en opinión del fiscal, quienes imprimen “no son máquinas; tienen un privilegio, hacen un juramento, están en una situación especial y son responsables”.
“¡Denle la pena más liviana a Pillet, sean tan indulgentes como quieran con el director de La Revue, pero para Flaubert reserven toda su severidad!”, urgió el funcionario.

¿Qué le molestó, Monsieur Pinard?

Aunque Emma Bovary no era quien estaba en el banquillo, la única manera de juzgar al creador era a través de los actos y carácter de su personaje, de manera que fue ella la verdadera protagonista del proceso.
Decía Pinard:
“¿Trató de mostrarla por el lado de la inteligencia? Nunca. ¿Del lado del corazón? De ninguna manera. ¿Del lado de la mente? No. ¿Del lado de la belleza física? Ni siquiera eso. (…) El retrato es por encima de todo lascivo, la imagen es voluptuosa, la belleza es una belleza de provocación“.
El fiscal justificaba sus afirmaciones con muchas citas de la novela, pero resalta cuatro para señalar lo que -en su opinión- son los más graves pecados:
  • Su amor por Rodolphe Boulanger, su primer amante
  • Su búsqueda de consuelo en la religión cuando éste la abandona
  • Su amor por Léon Dupuis
  • Y finalmente, su muerte.

En el bosque

“¡Hago mal, hago mal!”, decía Emma.
“¿Porqué? … ¡Emma! ¡Emma!”
“¡Oh, Rodolfo! …”, exclamó lentamente, poniendo la cabeza sobre su hombro.
Inclinó hacia atrás su blanco cuello que se hinchaba con un suspiro y, desfallecida, deshecha en lágrimas, con una largo estremecimiento y tapándose la cara, se entregó.

Esa escena ofendía al fiscal pero no tanto como la que le sigue.
Emma regresa a casa.
“Tras esta caída, este primer adulterio, este primer error, ¿siente remordimiento en presencia de su esposo engañado que la adora? ¡No! Con una actitud atrevida, entra, glorificando el adulterio”, condena Pinard.
¡Eso, caballeros, es mucho más peligroso e inmoral que la caída misma!“.

En la iglesia

Tras múltiples encuentros, Emma, enamorada, le ruega a Rodolphe que se fuguen.
Él acepta el plan y se fuga… solo, dejándole apenas una carta y provocando que ella se enferme.
Al borde de la muerte, recurre a la religión.
¿Hay en esta adultera algo de la fe arrepentida de una Magdalena? No, no; ella siempre es la misma mujer apasionada, en pos de ilusiones, buscándolas hasta entre las cosas más augustas y sacras”, denuncia Pinard.
“¿Con qué lengua uno le reza a Dios en el lenguaje dirigido a un amante en la efusión del adulterio?”, reclamaba.

Pecado sin castigo

Pero más allá de lo que Emma hace y cómo lo hace, el gran problema con la novela parecía ser que no emitía un juicio claro.
Si bien es cierto que la protagonista -en su eterna búsqueda por el amor soñado- sufre, se enferma, se desilusiona y no llega a alcanzar la felicidad que tanto anhela, no es juzgada.
Hasta el hecho de que sea ella quien, ahogada en deudas y en penas de amor, decide terminar con su vida, no satisface como el castigo que merecía.
Es ella quien toma arsénico y, por horrible que sea su muerte -que Flaubert describe con lujo de detalles-, “ella murió cuando quiso y de la manera que quiso, no porque cometió adulterio sino porque así lo deseó“, declara Pinard.
¿Quién condena a esta mujer en el libro? Nadie. Esa es la conclusión. No hay en el libro una persona que la condene”, agrega.
Peor: ni siquiera después de su muerte recibe su merecido, señala la fiscalía.
Su marido la sigue llorando, a pesar de que por culpa de ella le embargan sus bienes. Y cuando encuentra las cartas de sus amantes, su amor crece.
El final de la pecadora Emma es un desenlace, no una condena.

Todos de acuerdo

La defensa, que fue liderada por Antoine Marie Jules Sénard, se apoyó en la distinción de la familia Flaubert y su buena posición en la sociedad, así como en la opinión de respetables figuras de la época que defendían la obra.
Respecto a las citas usadas como pruebas de delito, alegó que fueron sacadas de contexto y las desmenuza mientras asegura que lo que el escritor hizo fue ofrecer el espectáculo del vicio para exponer su horror.
El veredicto: no hubo pruebas suficientes para encontrar a Pichat, Flaubert y Pillet culpables de lo que se les acusaba.
Pero la sentencia incluía una cláusula en la que todas las partes estaban de acuerdo: “los peligros que resultan de una educación inapropiada para el medio en el que se debe vivir“.
Emma es, dice el veredicto, “una mujer que aspira a un mundo y sociedad que no le corresponden que, descontenta con la condición que el destino le asignó, olvida sus deberes de madre, falta a los de esposa, introduciendo adulterio y ruina en su hogar…”.
Madame Bovary, como “La mujer quijote” (1752), de Charlotte Lennox, o Catherine Morland en “La abadía de Northanger” (1817), de Jane Austin, es otra ávida lectora a la que las novelas le descarrilaron la vida.

Aprés la absolución

Los argumentos en el juicio giraron en torno al arte, la moralidad, el sexo y el matrimonio… y aseguraron la fama de la novela y su autor.
Madame Bovary” fue publicada en un sólo tomo en abril de 1857, y fue todo un éxito de ventas.
La novela se convirtió en un hito de la literatura realista. Ha sido traducida varias veces en diferentes lenguajes e interpretada desde distintos puntos de vista una y otra vez.
Gustave Flaubert escribió más novelas, entre ellas “La educación sentimental”, así como cuentos y obras de teatro. Sigue siendo conocido principalmente por “Madame Bovary”, y por su incansable búsqueda de le mot juste (‘la palabra exacta’).
Ernest Pinard llevó al banquillo ese mismo año a Charles Baudelaire por su colección de poemas “Las flores del mal”. Seis de ellos fueron prohibidos.
Tras ocupar varios cargos cada vez más altos, en 1866 fue nombrado ministro de Interior de Napoleón III.

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