RENACER CULTIRAL

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viernes, 16 de septiembre de 2016

Salvador Sturla

Salvador Sturla

Salvador Arquímedes Sturla Cambiaso nació en la ciudad de Santo Domingo, el 26 de enero de 1891, y cuando contaba sólo once años de edad ya se había iniciado en la creación de canciones románticas y criollas.
Cantante, actor, compositor y tocador de cuanto instrumento pasara por sus manos, no realizó nunca estudios musicales. Sus aptitudes naturales le permitieron crear piezas de indiscutible valor, canciones que están formando parte del acervo musical dominicano.

A mediados de la segunda década del siglo XX Salvador Sturla fue empleado de la Compañía Anónima Tabacalera como agente de ventas y, en sus recorridos por el país, siempre encontraba algún lugar en el que pudiera dar rienda suelta a sus dotes.

Montaba su espectáculo lo mismo en un cine que en el club social, en el parque o en la casa de algún amigo. Tocaba cualquier cosa: hacía sonar tanto un serrucho como un piano, una guitarra o un violín.

Su vida fue por aquellos años la de un verdadero trovador.

En 1927, Antonio Mesa, como parte del Trío Borinquen o Trío Quisqueya, grabó dos canciones de Sturla: La muñeca y No puedo vivir sin tus palabras. Había sido Mesa el primer dominicano en dejar registrada su voz profesionalmente y eran aquellas canciones de las primeras en quedar en acetatos para la posteridad.

Muchos son los títulos que el trovador Sturla creó a lo largo de toda su vida y muchas las que alcanzaron la ovación del público; entre ellas, Navidad, grabada por el Trío Ensueño para el sello Alberti en 1950 y algunos años después por el tenor Arístides Incháustegui. El bolero Quimera, que interpretó el Trío Quisqueya. Vuelvan mis canciones, registrada en acetato por Fernando Casado. Azul, bolero indispensable en los bailes que tocaba la orquesta de Luis Alberti y que interpretaban las voces de Marcelino Plácido, Rafael Colón y Pipí Franco.

Y Año Nuevo, todo un suceso en la voz de Luchy Vicioso.

El trovados Salvador Sturla dejó de existir el 4 de octubre de 1975, en la ciudad de Santo Domingo.

Texto: Antonio Gómez Sotolongo
Fotos: Américo Mejía.

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