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miércoles, 1 de junio de 2016

Descubra por qué no puede enfermarse si visita la Isla Saona

ALUD PÚBLICA
| 01 JUN 2016, 12:00 AM


http://www.diariolibre.com/noticias/salud/descubra-por-que-no-puede-enfermarse-si-visita-la-isla-saona-FH3876160

Descubra por qué no puede enfermarse si visita la Isla Saona

Las deficiencias sanitarias en Mano Juan, en la Isla Saona, facilitan el agravamiento de enfermedades, mientras las condiciones en que se imparte y se recibe docencia dificultan el proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Si vives o visitas Mano Juan, en la Isla Saona, procure no enfermarse, porque aunque existe una Unidad de Atención Primaria (UNAP), faltan medicamentos básicos y su planta física está tan sucia que, en vez de garantizar salud, podría agravarla.
La Unap, al igual que la escuela pública, están construidas en concreto, bordeadas de malezas que las convierte en presas fácil del enjambre de mosquitos y de moscas tábano, que en la actualidad atacan a los residentes en la isla, así como de arañas cacatúas, alacrán y ciempiés, entre otros insectos.
El establecimiento de salud está deteriorado, sucio, lleno de tela arañas, hay persianas rotas y negras de la acumulación de polvo y no hay sábanas para ponerles a las camillas para examinar a los pacientes.
En el centro de salud no hay conserjes, alega el enfermero, quien a veces, realiza las labores de limpieza, para que el sucio “no se lo trague” y hasta debe comprar los detergentes, porque el galón de cloro, de desinfectantes y de jabón líquido que les suministra el Ministerio de Salud Pública, llega con retraso.
En la Unap hay dos médicos pasantes de ley y dos enfermeros, que se dividen el trabajo en pareja y libran un fin de semana cada 15 días.
Era un viernes en la mañana, Edward, un joven vendedor de artesanía en la playa, acompaña; a al equipo de DL a la Unap, donde estaba Johnny Pérez, licenciado en enfermería y técnico en farmacia, además de ayudante del médico de turno, que según dijo, ese día salió temprano a una diligencia fuera de la isla.
En el récord, estaban los nombres de varios pacientes que el enfermero asistió solo, incluyendo una paciente que fue vista a las 12:30 de la medianoche, lo que puso en evidencia que el médico asignado no durmió en Mano Juan.
La muestra del registro de atenciones es para responder a la acusación que hacen los comunitarios, entre ellos Edwuar, de que en el centro asistencial no hay medicamentos.
Esa denuncia incomodó al enfermero, oriundo de San Pedro de Macorís, que fue contratado hace un año para trabajar en la isla.
Pérez negó la versión de la comunidad y abrió las puertas de la vitrina donde se guardan los medicamentos y que tenía varias cajas, solo que algunas estaban casi vacías.
También, le disgustó que se le preguntará si era cierto que, a veces, no podían atender a las personas en emergencia en horas de la noche, por falta de energía eléctrica.
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Ser madre
Aquí habitan 105 familias, según el censo que realizaron a finales de 2015. Las embarazadas que tienen sus hijos de forma natural se trasladan dos meses antes de la fecha prevista para el parto hacia Bayahibe, La Romana o a Higüey, o cualquier otro lugar donde haya un centro asistencial que les garantice un parto sin traumas.
Los médicos pasantes de la Unap hacen lo que pueden y no tienen las herramientas para practicar un parto, por eso las embarazadas de Mano Juan, prefieren no exponerse a un adelanto del parto y buscan refugios en casa de algún familiar que viva en uno de esos pueblos.
Fue lo que hizo Marianela Montero, para dar a luz al tercero de sus hijos, quien hoy cumple los tres meses de nacido.
La unidad de salud tampoco les garantiza las vacunas que necesitan los niños, los que están expuestos a contraer infecciones que pueden costarles la vida.
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El fluido eléctrico en Mano Juan se obtiene de paneles solares, y por inversores cargados con bacterias.
El servicio es controlado y a las 10:00 de la noche se suspende el suministro a la población.
“Ellos no están diciendo la verdad, la gente se está yendo conforme al centro”, asegura Pérez, quien demostró que el inversor que tienen funciona.
La comunidad no se queja de las atenciones médicas, pues es consciente de las limitaciones del personal de salud, solo repiten que, excepto acetaminofén, no existen más analgésicos para calmar el dolor a sus habitantes.
Dicen que es más fácil encontrar un calmante en un colmado que en la Unap.
Tampoco había medicamentos para diabetes ni para hipertensos, que son de los más demandados y que la Unap debe suministrar a las personas que padecen esas enfermedades, como lo hacen con las pastillas para planificación familiar que dan a las mujeres activas sexualmente.
El enfermero insiste que tienen los fármacos básicos, pero el hilo para suturar escasea en un poblado donde la mayoría de sus habitantes, por su condición de isleños, caminan descalzos y las heridas en los pies son constantes.
A los pacientes con heridas profundas y los casos delicados y las emergencias se refieren al centro de salud más cercano, solo que, por la deficiencias , los usuarios evitan ir a la al centro de salud y buscan su traslado al pueblo más cercano.
Antes les cobraban hasta RD$ 4,000 por el traslado en alta mar, ahora cuentan con una lancha de emergencia que les facilita la Marina de Guerra con capitán incluido, a cambio de costear el combustible.
Educación limitada
A pesar de que solo 45 estudiantes, divididos en dos tandas, asisten a clase en Mano Juan, la educación es precaria, porque los alumnos y la dos profesoras que comparten dos aulas bajo la modalidad multigrados, deben luchar contra el calor los mosquitos y el humo que produce las jícaras de cocos que encienden en una lata para espantar los mosquitos.
Entre tos y sudor, por el humo y el calor, el darse palmadas o utilizar un cuaderno para deshacerse de los zancudos obstaculiza el proceso de enseñanza y aprendizaje de los nidos que cursan desde primero hasta octavo de básica.
Hasta ahí llegan los cursos, el estudiante que tiene la oportunidad de ser recibido en casa de un familiar de los pueblos cercanos, puede terminar el bachillerato.
La escuela está apartada y colinda con manglares y requiere de una profunda reparación.
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Presidente de la Junta de vecinos
A Jesús Rosario, presidente de la junta de vecinos, le preocupan las interrupciones obligatorias que deben hacerse del suministro de energía que producen los paneles.
Dice que cuando el día está oscuro, la carga se reduce, por lo que están tratando de conseguir un aparato que se coloca en la planta para cargar las baterías del proyecto, sólo que tiene un precio de alrededor de RD$300,000.
Están tocando puertas, a ver su alguna institución les ayuda a comprarlo, así como el gasoil que necesita la planta
.

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